viernes, 4 de diciembre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

"PERDÓNAME" (AMARAL)



LETRA:

Perdóname
por todos mis errores
por mis mil contradicciones
por las puertas que crucé
disculpame
por quererte igual que antes
por no poder callarme
ni siquiera hoy lo haré

[estribillo]
Hay demasiados
corazones sin consuelo
es demasiado frío este momento
cuando siento que te pierdo

entiendeme
por todas mis locuras
fueron la mitad mas una
de las que te he visto hacer
disculpame
si te duele lo que veo
demasiados buitres negros
tu eres demasiado bueno para ellos
tu eres demasiado bueno para ellos

[estribillo]
hay demasiados
corazones sin consuelo
es demasiado frío este momento
cuando siento que te pierdo

hay demasiados
corazones sin consuelo
es demasiado frío este momento

hay demasiados
corazones sin consuelo
es demasiado frío este momento
cuando siento que te pierdo

"ODIO POR AMOR" ( JUANES)



LETRA:

Trabajamos como dos locomotoras a todo vapor
y olvidamos que el amor
es mas fuerte que el dolor
que envenena la razón.

Somos victimas así
de nuestra propia tonta creación
y olvidamos que el amor
es mas fuerte que el dolor
de una llaga en tu interior.

Dos hermanos ya no se deben pelear
es momento de recapacitar
es tiempo de cambiar
it's time to change
es tiempo de cambiar
it's time to change
es tiempo de saber pedir perdón
es tiempo de cambiar
en la mente de todos
el odio por amor.

It's time to change...

Si te pones a pensar
la libertad no tiene propiedad
quiero estar contigo amor,
quiero estar contigo amor,
quiero estar contigo amor...

Si aprendemos a escuchar
quizás podamos juntos caminar
de la mano hasta el final
yo aquí y tu allá
de la mano hasta el final

Dos hermanos ya no se deben pelear
es momento de recapacitar
es tiempo de cambiar
it's time to change
es tiempo de cambiar
it's time to change
es tiempo de saber pedir perdón
es tiempo de cambiar
en la mente de todos
el odio por amor.

It's time to change
es tiempo de cambiar
it's time to change
el odio por amor
it's time to change
es tiempo de cambiar
en la mente de todos
el odio por amor.

it's time to change...

EL MILAGRO DE FÁTIMA



Fuente: amigosnet

jueves, 3 de septiembre de 2009

jueves, 16 de julio de 2009

ANTONIETTA MEO


>Quiero estar en el calvario contigo. Beata con 6 años.

Experiencias de catequesis familiar
Publicado en Id y Evangelizad nº 64


Nacida en Roma el 15 de diciembre de 1930, Antonieta Meo, Nennolina, murió pocos años después, el 3 de julio de 1937, a los 6 años de edad. Su proceso de beatificación está muy avanzado. Podría ser la beata no mártir más joven de la historia de la Iglesia. Estos son algunos fragmentos de sus cartas recogidas en el libro Las cartas de Nennolina.


Querido Jesús, mañana, cuando estarás en mi corazón, haz como si mi alma fuera una manzana. Y como dentro de la manzana están las semillas, dentro de mi alma haz que haya un armario. Y como dentro de la cáscara negra de las semillas, está la semilla blanca, así haz que dentro del armario esté tu Gracia, que sería como la semilla blanca.

Así le dicta a su mamá el día antes de recibir la Primera Comunión: Escucha mamá: imagínate que mi alma sea una manzana. Dentro de la manzana están esas cositas negras que son las semillas. Luego, dentro de la cáscara de las semillas está esa cosa blanca. Bien, haz cuenta que ésa sea la Gracia.

Jesús, haz que esta gracia se quede siempre conmigo.

Nennolina recibe la Primera Comunión en la Nochebuena de 1936.



Esa noche, a pesar de que el aparato ortopédico le causaba
dolor, los presentes la vieron al final de la Misa, quedarse arrodillada por más de una hora, quieta, con las manitas juntas.

La firma en sus cartas a veces cambia en Antonietta de Jesús, otras veces Antonietta Jesús. La forma es repetitiva y los pensamientos proceden destacados, como sucede en la manera de expresarse propia de los niños, pero bajo la forma infantil el pensamiento no es banal, nunca pueril.
Lo que todavía hoy desconcierta a psicólogos y teólogos es que Dios enriquezca de gracias especiales una Nennolina y que, sin forzar su naturaleza sino perfeccionándola con una aceleración de la Gracia, realice en ella tanto una delicada finura en las cosas del Espíritu, como una heroicidad en la condición de sufrir-ofrecer que difícilmente se encuentra en personas de edad madura y después de un largo camino de Fe.

La unión místico-espiritual alcanza una profundidad insondable, cuando la vida de la pequeña es transformada en la relación de amor con su dulce amigo del alma, Jesús y con su madre la Virgen María.

El 16 de octubre de 1936 Antonietta afirma: Veo la Virgen, no el cuadro; y en enero de 1937: Yo a veces veo a Jesús; cuando la mamá le pregunta: ¿Y cómo lo ves? Antonietta responde: En la cruz. En marzo otra visión: Ayer ví a Jesús resucitado.

A Jesús, Antonietta le escribirá 105 cartas, otras se las hará a la Virgen, a Dios Padre, al Espíritu Santo, una a santa Agnese y una a santa Teresa del Niño Jesús. A Jesús le pedirá siempre la ayuda de su gracia: Hoy he hecho un poco de caprichos, pero tú Jesús bueno, toma en brazos a tu niña...; pero tú ayúdame que sin tu ayuda no puedo hacer nada; tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia nada puedo hacer.
En mayo Antonietta recibe la confirmación. Son ya los últimos días de su vida. Así cuenta su mamá: Después de la confirmación Antonietta comenzó progresivamente a empeorar. La fatiga y la tos no le daban tregua. Ya no lograba ni siquiera quedarse sentada y fue obligada a estar en cama. Se veía que sufría, pero a todos, incluso a mí, decía siempre: «¡Estoy bien!». Tal vez con dificultad, pero quiso siempre recitar sus oraciones de la mañana y de la noche. Pedí luego que el sacerdote le trajera la Comunión todos los días, y las horas que seguían a la comunión eran siempre más tranquilas. [...] Apenas podía me pedía también escribir sus cartas.

La última tiene fecha del 2 de junio. Y ésta será la carta que llegará a las manos de Pío XI. Así recuerda la madre: Me senté al lado de su cama y escribí lo que Antonietta con dificultad me dictaba: «¡Querido Jesús crucificado, yo te quiero tanto, y te amo tanto! Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que le amo tanto a Él también. Querido Jesús, dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco por los pecadores». En ese momento Antonietta tuvo un violento ataque de tos y de vómito, pero apenas le pasó quiso igualmente continuar a dictarme: «Querido Jesús, dile al Espíritu Santo que me ilumine de amor y me llene con sus siete dones. Querido Jesús, dile a la Virgencita que la amo tanto y que quiero estar cerca de ella. Querido Jesús, te quiero repetir que te amo tanto, tanto. Mi buen Jesús, te encomiendo a mi padre espiritual y hazle las gracias necesarias. Querido Jesús te encomiendo a mis padres y a Margherita. Tu niña te manda muchos besos...» Sentí repentinamente, viendo cuánto sufría, un ataque de rebelión dentro y en un arrebato de cólera arrugué aquella hoja de papel y la tiré dentro de una gaveta.

Unos días después vino a visitar a Antonietta el profesor Milani, protomédico pontificio, llamado por el doctor Vecchi para pedir una consulta. Dijo que la niña estaba muy grave y que tenía que ser llevada a la clínica para ser operada de nuevo. El profesor se quedó conversando con la niña y se sorprendió por los dolores que Antonietta soportaba sin lamentarse. Mi marido le habló de las cartas que escribía. Pidió que le mostrara la última y yo no tuve el valor de rehusar. Tomé la carta de la gaveta y se la mostré. Después de haberla leído dijo que quería hablarle al santo Padre de Antonietta y pidió el permiso de llevar consigo la carta. Le respondí titubeante: «Pero... no sé...si...».

Pero señora -dijo-, se trata del Papa.
Al dìa siguiente un automóvil del Vaticano se detuvo frente a nuestra habitación. Un delegado enviado personalmente por el santo Padre Pío XI, vino para dar la bendición apostólica a la niña. Nos dijo que Su Santidad se había quedado muy conmovido leyendo la carta.

El 12 de junio Antonietta se agrava. Respira afanosamente. Le extraen el líquido de los pulmones. El 23 le resecan tres costillas con anestesia local, dada su condición general tan precaria. Cuenta su mamá: No puedo ni contar la aflicción de aquél cuerpecito martirizado. Ese día reteniendo las lágrimas le dije: «Verás pequeñita mía... apenas te habrás recuperado nos iremos de vacaciones, iremos al mar... te gusta tanto el mar, podrás bañarte, sabes?...» Me miró... con ternura me dijo: «Mamá alégrate, siéntete contenta... Yo saldré de aquí en diez días menos un poco». La mamá no podía saber que en ese momento Antonietta le había dicho exactamente el día y la hora en que iba a morir.

En los días que siguieron, con fortaleza desarmante continúa sonriendo también a las enfermeras que vienen a curarle la herida, a pesar de que la metástasis había ya invadido y devastado su pequeño cuerpo y a pesar de que la masa tumoral le comprimiese el pecho al punto de provocarle el desplazamiento del corazón. Todos en el proceso testimoniarán el desconcierto frente a su extraordinaria serenidad. La mamá llegará hasta a dudar que la niña sufriese: Fui donde el doctor, le dije: «Doctor, yo no creo... dígame la verdad, dígame realmente... Antonietta ¿sufre mucho?». Pero señora, qué me pregunta! ¡Qué está diciendo! ¡No diga eso! Los dolores son atroces.

En la mañana del 3 de julio de 1937, al alba, cuando el papá se le acercó para acomodarle una vez más la almohada y apoyándole los labios para darle un beso, Antonietta susurró: Jesús, María... mamá, papá... Fijó la mirada enfrente suyo -recuerda la mamá- sonrió, y luego dio el último largo respiro. El día 5 de julio el pequeño ataúd fue transportado, entre la multitud conmovida, a su Parroquia, la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén.



EXTRACTOS DE CARTAS:

Aquí algunos extractos de las cartas que Nennolina dictaba a su madre desde muy pequeña, o que ella misma escribió, con su trémula letra infantil, apenas aprendió a escribir:

"Querido Jesús eucaristía, estoy pero que muy contenta de que hayas venido a mi corazón. No te vayas nunca de mi corazón, quédate siempre siempre conmigo. Jesús yo te amo, yo quiero abandonarme en tus brazos y haz de mí lo que tú quieras".

"Querido Jesús, hoy voy de paseo y voy a mis monjas y les digo que quiero hacer la primera comunión en Navidad. Jesús ven pronto a mi corazón que yo te abrazaré muy muy fuerte y te besaré. Oh Jesús, quiero que te quedes siempre en mi corazón".

"Querido Jesús, yo te quiero mucho, te lo quiero repetir que te quiero mucho. Yo te ofrezco mi corazón. Querida Virgen, tú eres muy buena, toma mi corazón y llévaselo a Jesús".

"Mi buen Jesús, dame almas, dame muchas, te lo pido de verdad, te lo pido para que hagas que sean buenas y puedan ir contigo al Paraíso".

"Mi querido Jesús, hoy he aprendido a hacer la "O", así que pronto te escribiré yo misma":

"Querido Jesús, mañana cuando estés en mi corazón, hazte cuenta de que mi alma es una manzana. Y, como en la manzana están las semillas, dentro de mi alma haz que haya un armario. Y, como debajo de la piel negra de las semillas está la semilla blanca, haz que dentro del armario esté tu gracia, que sería como la semilla blanca".

"Hoy he sido algo caprichosa, pero tú Jesús bueno, toma en brazos a tu niña…"; "pero tú ayúdame que sin tu ayuda no puedo hacer nada"; "tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia nada puedo hacer"; "te lo ruego, Jesús bueno, consérvame siempre la gracia del alma".

"Te rezo por aquel hombre que ha hecho tanto daño; te rezo por aquel pecador que ya sabes, que es tan viejo y que está en el hospital de San Juan".

"Querido Jesús crucificado, yo te quiero tanto y te amo tanto. Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que también a él le quiero mucho. Querido Jesús, dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco por los pecadores. Querido Jesús, dile al Espíritu Santo que me ilumine de amor y me llene de sus sietes dones. Querido Jesús dile a la Virgen que la quiero mucho y que quiero estar junto a ella. Querido Jesús te quiero repetir que te quiero mucho mucho. Mi buen Jesús en ti encomiendo a mi padre espiritual y hazle las gracias necesarias. Querido Jesús en ti encomiendo a mis padres y a Margherita. Tu niña te manda muchos besos".

Antonietta Meo

SAN JUAN DIEGO


lunes, 4 de mayo de 2009

VIDEOCLIP "RESURRECCIÓN" DE AMARAL





LETRA:

Amaral - Resurrección

Siento que mi alma se encuentra perdida
que se junta la noche y el día

Siento que si te veo
terremotos recorren todo mi cuerpo

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida

Antes de llegar siquiera a conocerte
mucho antes ya te quería
como algo inalcanzable
así así así así te quería

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
tu haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida

Quiero un mundo nuevo
mi corazón no lo compra el dinero
quiero palmas que acompañen a mi alma

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
tu haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
me devuelves de nuevo a la vida

Resurrección

lunes, 13 de abril de 2009

sábado, 28 de marzo de 2009

sábado, 7 de marzo de 2009

SAN VICENTE DE PAÚL.





DE ULTRA Y VIOLENTO...A PACÍFICO Y SACERDOTE.


Fue jefe de ‘bateadores’ en su barrio; hoy es cura en una iglesia de pueblo

De ultra y violento… a pacífico y sacerdote

Una chica, de la que estuvo enamorado, tuvo mucho que ver en su cambio de vida

06/03/2009 Gonzalo Altozano


Fuente: albadigital.es

Estas manos han pasado de apalear a bendecir. ¿Un milagro?


Sus antiguos camaradas saben perfectamente dónde encontrarlo. O sea, que no es por miedo que desea permanecer en el anonimato (¿miedo, él? ¡De qué!). Es porque hay varias productoras interesadas en llevar su vida a la pantalla y él lo único que quiere es dedicarse enteramente a su vocación. Entendemos el interés de los guionistas; pocas veces se encuentran historias así: una adolescencia de odios y violencias, el amor de una chica que le devuelve a la fe, un encuentro personal con Cristo…

Nunca fue delegado de clase, pero tenía madera de jefe. Quizás porque pegó el estirón muy pronto, quizás porque, año tras año, ocupaba, castigado, los primeros bancos de clase. Fuera lo que fuese, algo en él hacía que los demás lo tuvieran en cuenta. No sólo los de su curso, también los mayores. Y, entre éstos, los de peor reputación, los que salían los fines de semana a pegarse. No para ser los duros de la discoteca, sino movidos por un afán superior: España. Estaban llamados a salvar a la patria. O eso decían ellos. Esta historia arranca en Madrid con la década de los noventa.

¿Qué niño de once años hubiera dicho que no a andar con malotes de dieciséis y diecisiete, aunque fuese de mascota? Y con razón cuando las perspectivas a corto plazo eran ser uno más de la tribu. Aunque para eso no bastaba con apuntar maneras. Aquí, el valor, a diferencia de en la mili, no se suponía, había que acreditarlo. Por eso, una tarde, al salir de clase, le llevaron frente a un cajero automático y le dieron un bate de béisbol. No era un rito de iniciación. O no sólo. Era un test de patrioterismo callejero. Lo pasó con nota: en pocos minutos, donde antes había habido una máquina expendedora de billetes, sólo quedaba un hueco.

Limpiar España

Lo siguiente fue una serie de visitas guiadas al Madrid de los Austrias, con alguna escapada a la sierra, donde la lectura de los clásicos fascistas siempre es más reposada. Sin olvidar el adiestramiento en técnicas de lucha, que no estaban las calles para vivir de las rentas de un pasado glorioso hecho piedra, cual boy scouts ideologizados. Por si el cachorro tuviera dudas, una noche lo llevaron a los bajos de plaza de España. Comenzaban a llegar a nuestro país los primeros inmigrantes y los negros que allí acampaban, envueltos en mantas y cartones, se prestaban a la metáfora racista: sanguijuelas pegadas a la piel hermosa de la madre patria. ¡Afuera con ellos!

Una empresa de tales magnitudes -limpiar España- necesitaba un plan pegado a la realidad: había que ir barrio por barrio. A él lo encuadraron en la patrulla que vigilaba las calles del suyo, Argüelles, donde vivía con sus padres. No era ésta la única partida de la porra que operaba en Madrid. La misión de éstas era doble: reclutar cruzados para la causa y mantener la ‘chusma’ a raya. Para lo primero, se exigía diplomacia, don de gentes, capacidad de liderazgo; para lo segundo, un manejo del bate propio de un jugador de los Yankees.

Nuestro protagonista enseguida marcó estilo. Antes de cumplir los trece, era un mago de la persuasión y la violencia, lo que le hizo ir subiendo puestos en el escalafón, hasta ocupar la jefatura de la patrulla de su barrio. Entonces supo que aquello no era un juego. Empezó a ir a sitios a los que no todos iban, reuniones con peces gordos que le daban palmadas en la espalda y le decían “muy bueno lo tuyo, chaval, trátame de tú”. Le habían avisado de que no era fácil llegar hasta allí. Lo que nunca nadie le había dicho -ya lo comprobaría él- es que más difícil era salir.

Una sonrisa de oreja a oreja

Si le preguntas en cuántas peleas estuvo metido los años -seis, casi siete- que duró su aventura ultra, te dice que perdió la cuenta. Sólo sabe que no mató a nadie y que siempre corrió más que la Policía. Sí recuerda que la violencia era adictiva y le generaba ansiedad, que él paliaba a base de remedios seculares: sexo, drogas, alcohol… También recuerda broncas en las que pensó si no sería otro el que pegaba. No habla de posesión maligna, pero sí de influencia. Además de esto, con frecuencia llegaban del alto mando órdenes que nada tenían que ver con la misión salvadora de la patria. Él, como buen soldado, no las discutía: las ejecutaba. Pero empezaba a no entender algunas cosas. Cada vez le costaba más llegar a casa, reconocerse en el espejo, dormir de un tirón.

Sus padres nunca le preguntaron en qué líos andaba, quizás por lo evidente de la respuesta: su cuarto se había convertido en un búnker y él ya no era un ángel. Como trataran de imponerle su autoridad, era capaz de levantar la voz. O la mano. Ellos, lejos de amilanarse, decidieron actuar. Y lo hicieron siguiendo una política de hechos consumados: por su cuenta, sin consultarle nada. El colegio al que había ido desde niño se había convertido en el cuartel general de la patrulla, así que lo llevaron a un instituto a las afueras de Madrid. Para asegurarse de que iría a clase, al cambio de centro siguió uno de domicilio. No se lo perdonó, al menos durante el año que estuvo sin dirigirles la palabra.

La idea que de nuestro protagonista se hicieron sus camaradas fue letal: ya no era él quien llevaba los pantalones en casa. Luego era débil. Merecía el mismo trato que un inmigrante, que un yonqui, que un travesti. O uno peor, pues sabía demasiado. Que se cuidara mucho de dejarse caer por ciertas calles. Ahora sí que no entendía nada. Su aterrizaje en el instituto, con el curso ya empezado, no ayudó a que se le aclararan las ideas. Aquello le pareció un nido de hippies y de rojos. Por más que nunca había participado de la estética skin, cualquiera podía leer la crónica de los últimos años de su vida: la llevaba escrita en la mirada, endurecidísima; tanto, que nadie se atrevía a mantenérsela. Salvo esa chica que, cada mañana, le saludaba con una sonrisa de oreja a oreja. El detalle le enamoró. ¡A él, para quien las mujeres habían sido carnaza, el reposo del guerrero urbano!

Ella se lo dejó claro desde el minuto cero: quería su amistad, nada más. Él, con tal de que fuera suya, se pegó a sus amigos, un grupo de parroquia. Estaba dispuesto a todo. Bueno, a todo todo… Una vez ella le pidió que la acompañara a una pascua juvenil y él, queriéndola mucho, le dijo que no. A cambio, ella le hizo prometer un dibujo de Jesús en Getsemaní. Mientras lo dibujaba, se encontró con un hombre solo, al que traicionaban sus amigos, pero que moría por amor. A él también le habían dado de lado, pero, a diferencia de Cristo, seguía lleno de odio. Allí, en la soledad de su cuarto, por primera vez en años, rompió a llorar. No sería la última vez.

“Si quieres hacer reír a Dios…”

En otra ocasión ella y sus amigos le pidieron que les acompañara a la parroquia a echar una mano con unas cajas. En esas estaba cuando reparó en un cartel mal colgado en el tablón. Al ir a colocarlo, pudo leer: “Confesiones los miércoles después de misa”. Y pensó: “A mí es imposible que me perdonen”. Días después, y con la misma decisión con que había liderado tantísimas acciones de comando, fue a ver al cura. Quería pedirle que dejara de colgar cartelitos para engañar a los incautos, no fuera a ser que alguno se lo creyese y se hiciera ilusiones. El sacerdote, lejos de echarle con cajas destempladas, le oyó en confesión.

¿Cuándo había sido la última vez? ¡Ni se acordaba! Los pecados no los dijo, los vomitó. Llevaban ahí tantísimo tiempo pudriéndose, pudriéndole, que vaciarse de ellos fue un alivio. Mientras el cura le daba la absolución, quiso haberle dicho: “Pero ¿qué hace? ¿No ve que doy asco?”. Aunque sólo acertó a llorar. Quizás porque empezaba a entender algo: había sido salvado. Salió de allí con la expresión que era otra. ¡Por fin podían mirarle a la cara!

Mirarte a la cara. Cuando te has pasado tantos años metiendo miedo, nadie lo hace. Al principio, que no se atrevan, es un subidón. Luego puede llegar a desesperarte hasta el suicidio. Eso le pasó a aquel correligionario suyo que se tiró de lo alto de la Torre de Madrid para que, al reconocerle, tuvieran que mirarle a la cara. Así lo dejó escrito en una nota de despedida. ¿Por qué no había tomado él la vertical que va derechita a la muerte? En la respuesta a la pregunta tantas veces repetida estaban sus padres y la chica de la sonrisa. Y, mezclado con ellos, al principio de fondo, luego bien de cerca, Jesús.

Su encuentro con Él le cambió la vida, que ya no era algo que tirar a la basura, sino que proclamaba la grandeza de Dios. Dos mil años después, Cristo seguía operando milagros. Tras una adolescencia de odios y violencias, nuestro protagonista se apuntó a un curso de confirmación y comenzó a ir a misa; un verano volvió de las misiones con un montón de fotos en las que salía jugando con niños negros (¡qué hubieran dicho los camaradas!); su búsqueda de la belleza (”El mundo será salvado por la belleza y la belleza es Cristo”, Dostoyevski) hizo que se matriculara en Historia del Arte; al acabar la carrera, entró de profesor en un colegio; años atrás, la chica de la sonrisa había terminado cediendo; sonaban campanas de boda…

Aquí encaja la primera frase de la película Bella: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Oyendo misa en la catedral de Santiago, supo que el Evangelio seguía hablando. Aquella peregrinación había sido accidentada. En un alto en el camino, ya en el tramo final, cuando se duchaba, le robaron todo. Y allí estaba él, en la cripta, con ropa prestada, atento a la lectura del día. “No llevéis bolsa, ni morral, ni sandalias…”. Dios le pedía más. ¿Qué? De momento, cortar la relación con su novia.

En el seminario

Sentía que su corazón estaba hecho para amar a más personas, le iba la vida de parroquia más que la del hogar, un amigo suyo acababa de ordenarse sacerdote… ¿Acaso…? Por preguntar… En el seminario le dijeron que lo fuera mirando, sin prisas. Durante un curso, todos los sábados, a espaldas de sus padres, estuvo yendo a Introductorio. Un día, después de clase, le pidieron que se quedara. Pensó: “Ya está, no tengo vocación”. “Si quieres, empiezas mañana”, le dijeron. Al llegar a casa, le preguntó a su madre dónde guardaba las sábanas. “En el armario, ¿por?”. “No, por nada, porque mañana me marcho al seminario”. En un punto del infinito, allá donde se cruzan las paralelas y el viento da la vuelta, resuena aún la bronca de sus padres.

Esta vez los que a punto estuvieron de retirarle la palabra fueron ellos. En cinco años fueron a verlo dos veces al seminario. Una cosa es que fuera a misa todos los días -ellos, encantados- y otra que se metiera a cura. Sin embargo, hoy no quieren otra cosa para su hijo: lo ven tan feliz, tan en su sitio… Así también debieron de verlo los dos energúmenos que se colaron en su ordenación. Fueron a reventársela… y salieron hechos un lío. En los viejos tiempos, su amigo no hubiera dudado en llevarse por delante a quien se pusiera en medio. Ahora estaba dispuesto a entregar la vida. ¿Por qué? Quién sabe, quizás insistieron en la pregunta y ellos también llegaron a la única respuesta posible: Cristo.

miércoles, 14 de enero de 2009

lunes, 5 de enero de 2009

SAN BENITO




FUENTE: http://amigosnet.net